Este escribir es un tanto como masturbarse, a quién se lo
vas a decir, a quién se lo vas a enseñar. Es evidenciar quién eres, cómo eres y
¿por qué? Casi nunca escribo para mí, soy exhibicionista, siempre quiero andar
enseñando placeres míos en la esperanza de levantar otros ánimos también. Leerme es como masturbarme pensando en que me masturbé, es la hipérbole de lo
propio y lo íntimo. ¿Por qué quiero estar mostrando las intimidades siempre? Y
me enorgullezco, me da gusto y después la culpa, siempre la culpa. ¿Qué culpa
tenía él de contarme sus cosas y que yo las escribiera? ¿Qué culpa tenía ella
de hacer aquello frente a mí y que yo las escribiera? Culpa mía, que también
disfruto en un católico masoquismo. Placer del placer y vergüenza, por no ser
capaz de hacer algo que en verdad signifique algo.
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